LA REBELION DEL CORSARIO TRISTE (por Giulio Nascimbeni)
... "Haber jugado a los piratas malayos" significaba haber leído a Salgari y tener nostalgia por una edad de la vida en que los héroes del capitán varonés precedieron a la imginación de los poemas estudiados en la escuela. Con lo héroes del capitán se estaba de un solo lado. Los piratas malayos (pero más tarde tambiém el noble, elegante, y doliente corsario Negro) no admitían elecciones. La justicia, la audacia indómita, la lealtad, la fuerza no se repartían como el botín de un abordaje. Sandokán y Yanés no tenían rivales. Podían ser derrotados, arriesgarse a naufragar entre los gritos de los combatientes y el rugido de los cañones, pero ni siquiera por un segundo vacilaba la indestructible fidelidad de los pequeños lectores.
LA DESPEDIDA
Turín, 22 de abril de 1911, corso Casale 205, borgo della Madonna del Pilone. Emilio Salgari está escribiendo. Moja la pluma en la tinta de producción casera que el capitán obtiene de algunas bayas. No hay apuntes sobre el desvencijado escritorio , no hay esquemas sobre los que trazar escansiones de la "trama" de una novela. A todo eso, Emilio ya le ha dicho adiós.
La pluma se mueve sobre las hojas de papel de carta. Es la misma pluma que por días y días, noches y noches, en medio del humo asfixiante de cientos de cigarrillos, con el engañoso consuelo de los sorbos de marsala, ha contado mares rugientes y fullgores de huracanes, señales de tempestad y de naufragio, la omniprescencia de la muerte y de la emboscada, sueños de sangre, relámpagos espantosos, terribles misterios, delirios de odio y de amor, venganzas impla cables, ecos de músicas salvajes, selvas insidiosas, cielos que parecen no conocer el sol.
Una carta es para los cuatro hijos, Fátima, Nadir, Omar, Romero. La esposa, Ida Peruzzi, ha sido internada en el manicomio por una "forma de manía furiosa": no había suficiente dinero para llevarla a una clínica privada. El capitán escribe: "Queridos hijos míos, ya ahora estoy vencido. La locura de su madre me ha destrozado el corazón y todas las enrgías. Espero que mis millones de admiradores, a quienes durante tantos años he divertido e intruído, los ayudarán. No les dejo más que 150 liras, más un crédito de 600 loras... Haganme sepultar por la caridad dado que estoy completamente arruinado. Los besa a todos con el corazón sangrante, su desgraciado padre, Emilio SAlgari.
Sigue una post data: "Voy a morir al Valle de S. Martino, cerca del lugar donde, cuando vivíamos en la calle Guastalla, íbamos a merendar. El cadáver se encontrará en uno de los barrancos que conocen, porque íbamos allí a recoger flores."
Otra hoja y esta vez la carta, dirigida a "mis editores", es un duro acto de acusación: "A ustedes que se han enriquecido con mi piel, manteniéndonos a mí y a mi familia, en una continua semi miseria o aún más, sólo les pido que en compensación por las ganancias que les he dado, piensen en mis funerales. LOs saludo quebrando la pluma. Emilio Salgari."
Otra carta está dirigida a los directores de los diarios de Turín: "Vencido por los disgustos de todo tipo, reducido a la miseria pese a la enorme cantidad de trabajo, con mi mujer loca, a la que no puedo pagarle la pen´sión, me elimino. Cuento con millones de admiradores en todas partes de Europa y también en América. Les pido, señores directores, que abran una suscripción para rescatar de la miseria a mis cuatro hijos y poder pasar la pensión a mi mujer en tanto siga en el hospital. Con mi nombre debían esperarme otra fortuna y otra suerte".
Salgari se quitará la vida el martes 25 de abril de 1911.
UN SAMURAI OFENDIDO
Esa mañana un hilo de luz entra en la habitación, se oye un murmullo de pájaros que proviene del cielo. Oh, si fueran las espléndidas palomas llamadas "morobo" o las bellas "alude" con sus plumas de color turquesa... Pero Emilio, que las ha inventado en sus libros, no está para escucharlas.
No seguiremos los movimientos de Salgari. En la carta dirigida a los hijos ya había dicho dónde iría a morir y el capitán respetó su trágica anticipación. Falta el detalle del arma que utilizará para quitarse la vida, la encontrará aún apretada en la mano derecha: una navaja de afeitar afiladísima.
La primera en ver el cadáver fue una joven lavandera. En los funerales no hubo ninguna autoridad, ni personajes ilustres, pero sí una multitud de jóvenes , estudiantes, obreros, artesanos. Los restos mortales fueron transportados a Verona por tren en febrero de 1912. Una lluvia violenta no impidió el óptimo discurso en el cementerio del intendente.
"¿Cuál fue el primer libro de Salgari que leí? Vino luego de Pinocho, luego de las lágrimas de Sin familia de Malot. El primer Salgari fue, casi obviamente, Los tigres de Momprancem. Entonces, y no solo en mi pequeño pueblo veneciano, se ignoraban las biografías de los escritores, no había ninguna indicación en las solapas.
AL ABORDAJE DE LA FANTASIA
Supe que Salgari era veronés porque alguien me explicó que debía pronunciarse Salgàri. En mi familia hubo incluso discusiones de si debía leer Salgari. Las acusaciones eran las usuales : escribe de un modo descuidado, no enseña valores educativos... Era verano , como ahora, cuando el libro cayó finalmente en mis manos. Lo repito: nadie me dijo que el escritor había tenido una vida infeliz, que había sido doblegado por el exceso de trabajo y traicionado, que se había matado. Yo era un cándido lector. En el tranquilo patio de mi casa, donde por la noche se encendía el tenue destello de las lucièrnagas entre las paredes de hiedra y madreselvas, despuntaban el árbol del pan, los demesurados bananos, la palmera llamada arenga, entre cuyas hojas revoloteban las lagartijas voladoras.
Salgari estaba transformando mi mundo de adolscente. Ese poco de botánica que, como todos los chicas nacidos en el campo, conocía bastante, se mezclaba con nombres exóticos que yo aceptaba sin discusión, aprendiéndolos de inmediato. No es que entonces supiera con exactitud el significado de exotismo y de exótico. Comprendía sólo que esas palabras se referían vagamente a algo extranjero y lejano. Me lo enseñaban también las canciones de caravaneros y cantinelas que atormentaban a los corazones de las tribus o, dedicadas a Mailú que vivía bajo el cielo de Singapur.
El mar de la Malasia no invadió más mi patio. Los abordajes, las correrías, los duelos ocurrían en los campos vecinos, las cimitarras erasn las ramas retorcidas de alguna planta. los terraplenes de una acequia se volvían las graderías fangosas de Mompracem, las naves enemigas asomarían en la curva de un sendero. Se podía ser Sandokán colocándose el delantal de la escuela e imitar a Yañez chupando, como si fuera "el eterno cigarrillo", un bastoncito de orozuz. En esos juegos se encendía y dominaba sobre todo la fantasía. Esa fantasía que cada tanto bate sus alas en el cofre de la memoria y aún me ayuda a vivir."
EL CAPITAN
Emilio Salgari nació en Verona el 21 de agosto de 1862 en el seno de una familia de modestos comerciantes. Se sentía atraído por las tierras exóticas y siguió un curso con la esperanza de llegar a ser capitán. Sólo se embarcó una vez y la nave que lo llevaba se limitó a seguir la costa del Adriático. Jamás vió las comarcas lejanas que describió en sus libros.
Se le atribuyen a Salgari más de ochenta novelas y unos ciento cincuenta relatos de variada extensión. De todos modos es difícil dar cuenta del conjunto de su obra porque a menudo firmaba con seudónimos.